Un nuevo episodio de la revolución digital en México ya está tomando forma: la llegada de varios centros de datos podría exigir hasta 1.5 gigavatios de potencia eléctrica adicional para 2030, una cifra comparable a la capacidad de la única central nuclear del país. Expertos del sector advierten que, para aprovechar este potencial, será imprescindible ampliar la red eléctrica y las conexiones de telecomunicaciones, ya que la demanda crecerá con cada nuevo proyecto. Hoy la industria opera con unos 250 MW y hay 74 MW en construcción, señales claras de que el crecimiento requerirá una infraestructura de mayor tamaño y mejor conectividad.
Las proyecciones apuntan a inversiones que totalizarían cerca de 18 mil millones de dólares en cinco años. De ese monto, unos 9.2 mil millones serían inversión directa de operadores y el resto generaría un efecto dominó de crecimiento económico, con un impacto que podría superar los 27 mil millones. Si se cumplen las condiciones adecuadas, el ecosistema de centros de datos podría alojar hasta 75 instalaciones nuevas que demandarían esa capacidad de 1.5 GW.
Pero el camino no está exento de obstáculos. Cada proyecto requiere la aprobación del regulador energético y las obras de refuerzo deben ejecutarse por la CFE. Además, la conectividad debe crecer al mismo ritmo para evitar cuellos de botella. Estas fricciones subrayan la necesidad de una coordinación más ágil entre autoridades y operadores para sostener el ritmo de crecimiento previsto.
El panorama es prometedor para México, que ya se posiciona como uno de los mercados más dinámicos de América Latina, con Querétaro como centro de actividad y proyectos liderados por compañías globales. Aun así, el informe de mercado advierte que podrían perderse inversiones si la energía no llega a tiempo, lo que refuerza la urgencia de acelerar la planificación eléctrica. El impulso también está llevando a empresas a explorar presencia en otros estados como Nuevo León y San Luis Potosí, diversificando la geografía de la demanda y abriendo oportunidades regionales.
Mi lectura es que este impulso puede convertir a la infraestructura de datos en un motor estratégico para México, siempre que vaya acompañado de una visión integral: modernización de la red eléctrica, expansión de energías renovables y políticas claras para atraer capital. Si se gestionan bien inversión, regulación y transición energética, el país podría ganar en resiliencia, empleo e innovación. En definitiva, se trata de alinear el crecimiento tecnológico con un marco energético fiable y sostenible, para que la promesa de 1.5 GW se traduzca en beneficios reales para la economía y las comunidades.
